jueves, 1 de octubre de 2009

Nunca pensé que fuese tan difícil

La soledad es aquí y ahora como el cielo de la tarde,
pesado, triste y amenazante.
No hay válvulas de escape en las mañanas soleadas,
ni en la pobre iluminación nocturna,
tampoco en los coloristas smart que recorren la ciudad
como una fila de chinchetas.

El tiempo pasa piano piano, tanto que se detuvieron
las agujas del reloj de la cocina
más por la falta de inercia que por la pila agonizante.
Horas muertas en las que el seso
no cesa y se cocina a sí mismo entre elucubraciones.
La testa no transpira.

La ropa tendida en la terraza se burla mientras tanto,
húmeda y fría se divierte
cuando mis manos comprueban la cruel obviedad
de la impotencia humana.
La lavadora quedó suspendida en el seis para siempre.
Yo me muevo. Transito.
Nunca pensé que fuese tan difícil mirar hacia adelante.

domingo, 27 de septiembre de 2009

La incesante llovizna (Me falta Andalucía)

Aquí la incesante llovizna
vierte sobre la ropa un pesado manto de profunda nostalgia
del cual es imposible desembarazarse.
La propia voz se vuelve extraña, cansada, ronca;
perdida la mirada en espacios vacíos de contenido,
en oníricas pesquisas, en recuerdos fingidos,
en imaginarios remansos de deseo.

La identidad se atenúa, la alegría se dispersa:
ya no hay coches de caballos,
no hay camisas pastel ni carcajadas,
no hay plazas abarrotadas, ni escotes abundantes.
No hay cielos azules en las fotos, no hay rayo de luz
que haga fruncir el ceño,
la gente parece tan solitaria sin su sombra...

Quizá sea la ciudad, quizá el otoño.
Quizá sea uno mismo, quizá los demás.
Quizá sea esta llovizna incesante con su manto de nostalgia.