jueves, 17 de febrero de 2011

Fui viajero

Fui viajero.
Detuve mis pasos en hostales decadentes
buscando una gotera acogedora,
dejando periódicos en todas las mesillas.

Fui viajero.
Encallé con frecuencia en días coralinos,
naufragué en el encanto gris de las tormentas
y recogí alguna que otra reliquia de deseo.

Fui viajero.
Caminé entre la soledad y los fantasmas
invisible y tranquilo como la bruma,
enviando postales a desconocidos.

Fui viajero
de caminos no marcados
y autobuses ya perdidos,
de equipajes ligeros
-poca agua y mucho vino-,
diez mil carretes velados.

Fui viajero.
Estuve vivo.

viernes, 11 de febrero de 2011

La florista y su caja de costura

Con su presencia de rosa inerte
descosía tardes marchitas,
hilvanaba los pétalos huídos
con cada mentira que albergaba,
conspiraba besos tardíos,
frutas de un día,
y remendaba amaneceres
con lágrimas impúdicas
perdidas en su escote,
como un rocío fingido.

Se marchaba deshojándose
en el asiento trasero
de un taxi amarillo.
Yo buscaba algún vestigio
entre las mantas,
un recuerdo intacto
que mitigara su fugacidad homicida,
algún aroma eterno.
Y bajaba aquellas viejas escaleras
preguntándome adónde irán a morir
todas las flores.

La paradoja de que existas

Maraña de luces nocturnas
que acaudillan estrellas;
viento cálido y lejano
resbalando entre los dedos,
como arena concienzudamente tamizada;
azules y grises rotos
por un capricho claro, inmenso.

Nudillos agrietados, fotografías
de caricias ausentes;
un camino que se adentra
en la negrura oceánica
con la quietud de una canción
susurrada al vacío,
con la paciencia de un amante
que espera bajo la tormenta;
constante,
como un ocaso ártico.

Rodillas que ceden
en su liviana firmeza.
Su belleza
adormecida que amparan las espumas
antes que las olas abracen
lo que el mar fervientemente anhela.

Olvido

Habitaciones frías y desnudas,
eco de silencios gritados a los cuatro vientos;
la implacable violencia de un segundero huérfano de hora
que gobierna una pared cansada de sí misma.

Una ventana que da a todas las calles,
y a ninguna parte;
una puerta sin pomo ni llaves,
lápida gris con un número por epitafio.

Una sinfonía de lluvia vespertina
asesinando la memoria.

jueves, 11 de noviembre de 2010

La noche sobre los castillos de arena

Qué rápido cae la noche sobre los castillos de arena.
Con qué ferocidad nos detonamos desde dentro
y nos desmoronamos grano a grano, pieza a pieza,
saltando por los aires y diseminándonos por la tierra.
Sobre nuestros despojos, en la negra ausencia,
oscilan inmóviles las estrellas titilando,
ciegas vigías de este pobre espectáculo
de arena, y agua, y vísceras, y sombras.